Prehistoria del Flamenco

PREHISTORIA DEL FLAMENCO

bailaoraEl Flamenco ha heredado influencias antiguas y nuevas. Cuenta con herencias antiguas de  un legado de tipo folklórico-tradicional, pero también han influido e influyen en él las músicas y bailes que en algún momento de su ‘historia reciente’ (desde el siglo XIX hasta hoy) han contado con popularidad en Andalucía. En este apartado sólo haremos referencia a algunos datos históricos sobre música populares en Andalucía a lo largo del periodo que hemos llamado la ‘prehistoria’ del Flamenco. Por lo que respecta a un estudio ‘estructural’ sobre su conexión con el sustrato folklórico-tradicional, véanse los apartados ‘Flamenco y Folklore’. Vuelven a aparecer datos sobre los orígenes históricos e influencias recibidas por el Flamenco en los apartados ‘Gitanos y Flamenco’ e ‘Historia’ (‘reciente’, desde el siglo XIX).

Dejando de lado los datos arqueológicos de la prehistoria, hay noticias del griego Estrabón de que un personaje egipcio del S. II a.C., Eudoxos, embarcó desde Cádiz hacia otras zonas del Atlántico, parece que de África, a muchachas músicas (¿bailarinas, cantantes, instrumentistas, bailarinas con crótalos?). Puede que sean las primeras referencias históricas sobre bailarinas andaluzas.

Hay evidencias de que en el sur de España, antes de la llegada de los romanos ya existía una cultura floreciente y rica. Al oeste los tartessos y al este los turdetanos y bastetanos. La riqueza minera de esta zona (minas de Riotinto, Tarsis, Huelva…)  atrajo a fenicios, griegos y romanos. Esto propició el intercambio de danzas y canciones. Hipólito Rossy en su obra Teoría del Cante Jondo que en época griega ya sería característica típica del canto en el sur de España su estilo melismático.

Sea como fuere fenicios y griegos se encontraron en el sur de la Península, más que con unos pueblos aislados, con una civilización mediterráneo-occidental bastante desarrollada. Prueba de ello es que la Bética fue una de las circunscripciones más desarrolladas del Imperio Romano y que aportó a su vida pública emperadores (Trajano, Adriano), intelectuales como Séneca y obispos influyentes como Ossio.

En un mosaico dedicado a Baco encontrado en Córdoba, aparece una mujer tocando una especie de pandero. Este instrumento, extendido también por gran parte del Mediterráneo, ha sido muy popular en España en bailes y danzas, hasta bien entrado el siglo XIX. En la actualidad se toca en algunos bailes folklórico-tradicionales en Andalucía (Alpujarras, Montes de Málaga…), Extremadura y Castilla. La estética flamenca no ha adoptado el uso del pandero.

Contamos con argumentos sugerentes acerca de la antigüedad y conexiones rituales de las pandas de verdiales con arcaicas fiestas mediterráneas precristianas. Estas pandas son cuadrillas de músicos tradicionales de los montes de Málaga que cantan coplas de fandangos verdiales, música para el baile del mismo nombre y que presenta elementos preflamencos . Entre estos destaca la similitud que existe entre los instrumentos, la manera de actuar y la vestimenta de estas pandas y un grupo de músicos representado en una pintura conservada en el Museo de Nápoles, catalogada como Scena comica con suonatori ambulanti, copia en mosaico romano del siglo I de una pintura helenística del siglo III a.C. En la Scena (ver imagen) aparece un grupo de músicos de la antigüedad helénica que portan un pandero con cintas de adorno, unos crotalillos o platillos de bronce, una caracola que anuncia la llegada de los músicos, y una flauta doble tipo aulós. Además, dos de los cuatro músicos van tocados con adornos de flores en la cabeza, al estilo de los que los tontos llevan en sus sombreros de palma. Todos esos objetos, excepto la flauta doble, son característicos de las pandas de verdiales malagueñas en la actualidad, datos que aunque no prueban definitivamente sí sugieren continuidades.

Por Plutarco sabemos que al final de la guerra de Sertorio contra Cecilio Metelo, hacia el 74 a.C, poetas cordobeses compusieron himnos y canciones para la ocasión, (victoria del cónsul Metelo sobre Sertorio, a orillas del Turia, Valencia). Marcial –poeta hispano-romano de origen aragonés- y el historiador Polibio escribieron que para entretener al general Metelo durante las guerras sertorianas, varias doncellas y mancebos cordobeses le cantaban canciones. Hipólito Rossy sugiere que su estilo debería no andar muy lejos del actual cante flamenco, hipótesis sugerente pero aventurada. El Cónsul Metelo entró triunfalmente en Roma tras su victoria, y cuenta Marcial que en la comitiva danzaron unas muchachas andaluzas que llamaron la atención por sus “traviesos y retozones pies” y por sus castañuelas de metal, crusmata baetica. Desde entonces contamos con referencias del uso de las castañuelas, instrumento idiófono de acompañamiento al baile. El baile flamenco de mujer hace uso de ellas eventualmente.

En otros textos (García y Bellido, 1967: 102 y ss), Marcial destaca de estas bailarinas  sus cualidades sensuales y que cantaban murmurando canciones de amor. El poeta Juvenal, contemporáneo de Marcial, hace referencias similares, detallando que en su baile iban descendiendo hacia el suelo hasta tocarlo, lo que era muy aplaudido. Otros escritores latinos constatan que las gaditanas cultivaban la poesía lírica (cantada) antes de la era cristiana.

Las puellae gaditanae formaron  en Roma especie de compañías que acudían acompañadas de músicos a fiestas contratadas por hombres ricos, así como a espectáculos públicos. Lo que esas ‘troupes’ de músicos y danzantes y músicos cultivaron en Roma, se decantó por un tipo de cantos provocativos, de tal forma que el adjetivo de gaditana se asoció al de canciones obscenas y procaces cantadas por las mismas bailarinas. Según Marcial una de las características del “hombre lindo”, algo amanerado, era la de canturrear canciones de Egipto o de Gades, por lo que a fines del S. II esos cantos habían llegado a estar de moda entre la aristocracia y alta burguesía romana. Cádiz en el siglo III de nuestra era tenía (y presumía de ello) una cultura griega bastante asimilada, fomentado por el carácter comerciante de sus habitantes. Estos datos nos sugieren que algunas de sus maneras de cantar y danzar habían adquirido ya entonces renombre ‘internacional’

Autor: D. Miguel Ángel Berlanga

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