LOS GITANOS EN ESPAÑA

Los primeros testimonios de su presencia en España parecen ser de 1425. Entraron por los Pirineos diciéndose expulsados de su tierra, el Pequeño Egipto (región de Grecia) por los turcos. De ahí vendría el nombre de egipcianos, egiptanos o gitanos. Circulan en tropas de cuarenta a cien conducidos por personajes que se dicen ‘condes’ o ‘duques’. Son de tez morena, los hombres llevan barba y pelo largo, aretes en las orejas, las mujeres turbante, anillos y aretes y otros adornos. Exhiben cartas o salvoconductos de algún rey y bulas del Papa, afirmando astutamente que éste les ha impuesto una romería penitente de siete años y que van hacia Santiago de Compostela. Alfonso V de Aragón autorizó al duque Juan de Egipto Menor a viajar por sus tierras durante un trimestre.

En 1462 dos condes del Pequeño Egipto llamados Tomás y Martín llegaron a Andalucía al frente de unas cien personas, fueron acogidos en Jaén por el Condestable Miguel Lucas de Iranzo, quien a los pocos días los despide con todo tipo de regalos. En 1470 el mismo Condestable acogió a otra tropa de cuarenta en Andujar, y algo similar sucede quince días después.

Pronto se les ve ya en la comitiva procesional de diversas fiestas del Corpus: danzando, tocando tamboriles, panderos y sonajas: en Guadalajara, en 1478. Poco después en Segovia, en Toledo…

En Granada desde la conquista, los moriscos bailaban en honor del Santísimo Sacramento. En 1533, se quejaron de que los gitanos les robaban las bestias en el campo y las ropas en sus casas, en las que se introducían con el pretexto de decir la buenaventura o enseñarles cosas de magia. A principios del XVII los gitanos comienzan a competir con ellos, desde 1607 las zambras gitanas sustituyen a las de los moriscos y acabarán sustituyéndolos definitivamente después de la expulsión de 1610. Esto no significa que ambas zambras fueran iguales, pero todo indica que los gitanos eran capaces de imitar y ‘superar’ a los moriscos, igual que interpretaron seguidillas castellanas a la manera gitana…

Los espectáculos gitanos llegarán a tener gran éxito, tanto en fiestas religiosas como civiles. Pronto surgió en España la moda y la imitación de lo gitano. El traje de gitano se introduce en el teatro y bailes de disfraces.

Muy pronto se les cita en la literatura. Ya en dos obras de Gil Vicente, de principios del XVI, aparecen gitanas bailando y cantando. En el Auto da festa, dos gitanas entonan una canción dedicada a San Juan. En las comedias aparecen indicaciones como ‘cantar con panderos y sonajas al modo de los gitanos’.

Leblon se detiene en la primera de las Novelas Ejemplares de Cervantes, La Gitanilla (1613). En Madrid los gitanos vienen a participar en las fiestas de Santa Ana, patrona de la villa. Preciosa concurre a un concurso de bailes con un grupo de ocho gitanillas guiado por un bailarín también gitano. El jurado de las fiesta les otorga el primer premio. Las gitanas entran en la iglesia y bailan delante de la santa. Preciosa canta un romance dedicado a Santa Ana, acompañándose con unas sonajas.

Ya famosa, Preciosa vuelve a Madrid quince días después con tres compañeras. Estrenan un baile nuevo, cantan romances en medio de un corro de más de doscientas personas que les regala monedas… las contratan en casas particulares, la tropa viaja a Toledo y Extremadura, la Mancha, Murcia…

Lo que aparece en estas novelas parece que eran comportamientos habituales entre los gitanos: concurrir a las fiestas danzando y cantando. Pero repárese en que lo que cantaba Preciosa no eran canciones ‘gitanas’, sino los muy hispánicos villancicos, coplas, romances. Y bailaba seguidillas (ya por entonces de moda) y zarabandas. Ahora bien: lo hacía de una manera especial. El mismo Cervantes detalla que canciones y romances callejeros eran frecuentemente obra de poetas profesionales que los vendían tanto a gitanos como a ciegos.

Los ejemplos de cantos y bailes de gitanos se manifiestan especialmente en los entremeses y sainetes, pequeñas obras de teatro con presencia ocasional de música (de tipo popular) florecientes en los siglos XVII y XVIII. En La hija del doctor (1691), se cita una canción “a lo gitano”, es decir no gitana sino interpretada al estilo gitano. La zarabanda por cierto aparece muy bailada por gitanos.

Las leyes contra los gitanos fueron constantes, principalmente toman motivo de las quejas sobre su vida errante y los hurtos o estafas. Pero paralelamente, los gitanos estaban siendo bastante aceptados por la población en cuanto elemento animador en las fiestas.

Parece que es en una obra de Ramón de la Cruz donde adquiere la seguidilla por primera vez el calificativo de ‘gitana’, en 1770. En su sainete Las gitanillas, unos gitanos entran en una venta para organizar una juerga. El jefe pide a las mujeres que le bailen unas seguidillas gitanas o que le canten algún corrido (romance). El alcalde y alguacil llegan con intención de prenderlos pero finalmente los gitanos podrán marcharse libremente a cambio de algunas canciones. Lo mismo en Las gitanas desterradas, donde la tropa agradecida improvisa estas seguidillas.

Puesto que ya el alcalde

noz ha indultado,

bailemos zeguidillaz

por zelebrarlo.

Ea, muchachoz,

zuenen laz caztañuelaz

con frío y garbo (Leblon, 1991: 46 y ss).

Todo esto nos habla de que los gitanos se juntaban con la población, particularmente con los estratos populares, ofreciendo una manera de cantar y danzar ‘a lo gitano’ bailes y canciones conocidas, en contextos festivos. Lo que aflora son elementos del folklore peninsular, de la música popular de cada época, pero ejecutados “a la manera gitana”. La especial habilidad para la danza, el traje, el acento y un tipo peculiar de interpretación, les depara un carácter exótico. En cuanto músicos profesionales, su práctica habitual es ejecutar lo que el público aprecia.

En general puede mantenerse que durante los siglos XVI y XVII los gitanos españoles mantuvieron una vida bastante errante, nómada, como era tradicional en ella. Pero poco a poco fueron sedentarizándose, fenómeno que observaremos poco después, a partir del siglo XVIII, más aún en la segunda mitad, y particularmente en Andalucía y más aún en su parte occidental, como veremos poco más abajo. Esto no quita que muchos gitanos mantuvieran su vida errante, tal como nos ilustra este grabado de Gustave Doré ilustrando a unos gitanos levantinos en torno a 1860.

Respecto al repertorio, Leblon analiza la forma de las canciones cantadas por gitanos en las obras de literatura escritas entre los siglos XV al XIX y constata que en más de una tercera parte lo que cantan los gitanos, según la literatura escrita, son las muy hispánicas cuartetas de seguidillas, después sigue en importancia el romance o la copla (cuartetas octosilábicas, casi ¼ del total). El resto es variable aunque se puede asimilar más o menos a una de las dos estructuras anteriores… y por último está como forma importante la zejelesca, es decir canciones tipo villancico, con alternancia de estribillo y coplas.

Autor: D. Miguel Ángel Berlanga

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